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Cómo afrontar el favoritismo por uno de los hijos  

 
   
Bibiana Mira el 04 de julio

Si te preguntas quién era el hijo preferido de tu papá o tu mamá cuando eras niño, ¿puedes identificarlo? Seguramente sí, aunque tus padres respondan que siempre los quisieron por igual y no manifestaban predilección por alguno en especial.

Aspectos tan profundos como la personalidad o los gustos, o tan externos como los rasgos físicos o la ubicación entre sus hermanos, puede ser la razón por la cual los padres se sienten más apegados o tienen más afinidad por un hijo en especial.


Evitando el favoritismo

Es normal y humano sentir mayor afinidad con un hijo, lo inapropiado es demostrar esa predilección sin cautela, haciendo una clara diferencia entre los demás. Lo importante no es luchar contra un sentimiento innato y difícil de modificar, ni tratar de justificarlo, porque se empeora la situación. Lo que se necesita es tomar conciencia de esta situación y admitirla para poder equilibrar las conductas y evitar las injusticias.

Cuando los padres se empeñan en negar una preferencia (que para todos resulta evidente) es porque se sienten culpables. Los hijos perciben las diferencias que los padres niegan con sus palabras, pero que comprueban con sus actitudes. Lo grave de esto es que, en su afán por disimular su predilección, los padres tratan de justificarse, enfatizando las cualidades y virtudes de quien es su preferido, y señalando los defectos o los errores de quienes no lo son.

Los padres que demuestran sus preferencias en forma obvia y hacen mejores regalos o tratan con más afecto a un hijo o hija en particular, y son distantes con los demás rompen la armonía familiar. Lo grave es que los hijos que no se sienten preferidos pueden percibirlo como falta de amor y eso afectar su autoestima y las relaciones con sus hermanos y sus padres.

La preferencia por uno de los hijos es una realidad más común de lo que se piensa y responde a factores inconscientes que nada tienen que ver con la voluntad de los padres. El problema surge cuando no se trata de una cuestión de sentimiento sino que, en la práctica, las diferencias en el trato entre hermanos es la norma, o peor aún, cuando el hijo “no preferido” es relegado o menospreciado consciente o inconscientemente. Aquí no sólo se compromete la salud y bienestar del hijo relegado sino que se pone en juego toda la estabilidad familiar. El primer paso es reconocer ante sí mismo (que es aún más difícil que tener que reconocérselo a un tercero) que está pasando, mirar las causas que lo generan y buscar soluciones reales, por el bienestar de todos.

En la época actual, la situación es otra. Aceptar que se quiere más a un hijo que a otro (u otros) es difícil ya que culturalmente se exige a los padres (por lo menos en las sociedades occidentales) ecuanimidad, justicia, madurez y en resumidas cuentas, ser padres perfectos. Pero esto es teoría. En la práctica se trata de seres humanos intentando hacer las cosas lo mejor posible, pero enfrentándose a la complejidad de una relación parental confrontada con toda la complejidad personal.

Para mayor tranquilidad de los padres, un estudio realizado por Amanda Kowal y Laurie Kramer, de la Universidad de Illinois, publicado en la revista Child Development afirma que los niños que sufren un trato diferencial por parte de los padres no se ven afectados por ello, siempre y cuando lo entiendan como un tratamiento justificado. El estudio afirma que los pequeños pueden entender las diferencias en el trato justificándolas según las diferencias existentes entre ellos y sus hermanos, sea edad, atributos personales, necesidades, tipo de relación con los padres o comportamientos específicos, sin sentirse necesariamente menospreciados por ello.


Razones ocultas

Los motivos por los que hay una mayor o menor afinidad por los hijos pueden ser infinitos: tiene rasgos de alguien a quien queremos o a quien detestamos, es más o menos cariñoso, más o menos divertido, más o menos inteligente, ha llegado en un momento propicio o en un momento difícil de la relación de pareja, es un hijo deseado o un hijo “sorpresa”, tiene una personalidad más fácil o más compleja, se parece a uno mismo o es diametralmente opuesto, tiene características que para nosotros son defectos (aunque otra persona las pueda calificar como cualidades), nos dan mayor o menor satisfacción y en fin, motivos que pueden cubrir toda la gama cromática completa.


Celos bien manejados

Los celos entre hermanos son inevitables, especialmente cuando el hijo mayor ha estado solo mucho tiempo y se anuncia la llegada de un hermanito. Como todo en la vida, los celos entre hermanos generan consecuencias negativas pero también positivas. Lo importante es estar atento a estos comportamientos.

La rivalidad con los hermanos es normal y necesaria; es casi una condición inherente al ser humano. ¿Cuál es el origen de esa competencia? La respuesta es más elemental que la del dos más dos: la lucha por el amor de los padres. Un hermano —y es obvio para cualquiera que no sea hijo único— resta momentos de encuentros afectivos con la madre y el padre. Pero este escenario de sana competencia puede resultar enturbiado por el papel que cumplan los padres. Muchas veces, por culpa de intervenciones desafortunadas, los padres pueden terminar provocando en sus hijos secuelas muy negativas. Ejemplos: el chico puede resultar retraído, agresivo, egoísta, con baja autoestima, incapaz de defenderse de una agresión verbal o una simple broma y falto de ambición.

La psicóloga Diana Rizzatto, titular de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar, también detecta en las consultas que atiende algunas equivocaciones de lo más corrientes por parte de los padres. “Darle siempre la razón a un mismo hijo. Cuando un chico se da cuenta de que poniéndose en el papel de víctima sale favorecido lo más probable es que repita continuamente ese papel”.

Rizzatto remarca otro error que cometen muchos padres: decirle a un hijo que está celoso de su hermano. “Los chicos terminan identificándose con lo que se dice de ellos. Si se le repite continuamente que tiene envidia de su hermano, lo más probable es que realmente termine teniéndole celos”, dice la experta.

Otra conducta erradas son tratar como un bebé al hijo menor aunque ya sea grande. Esto hace que los hermanos mayores sientan que su hermanito ocupa un lugar de privilegio y que toda la familia gira alrededor de ese niño. Los hermanos mayores, además, van a creer que deben ser chicos buenos que no deben llevar problemas a la casa. Y así no van a crecer como niños sino como adultos.
 Remarcar lo positivo de un hijo y lo negativo del otro. Esto puede hacer que uno de los hijos se sienta valorado y el otro, no. Es probable que así ese hijo desvalorizado se genere una autoimagen de que él puede menos.


Otros errores

En algunos casos el error lo cometen los abuelos. Sucede, por ejemplo, cuando sistemáticamente se invita a dormir a la casa a un mismo nieto o se le hacen mejores regalos que a su hermano. Esto llega a provocar situaciones muy conflictivas.

Hay que ser muy cuidadosos en no cometer un error frecuente que es incentivar a sus hijos mostrándole lo que hizo su hermano. Es el caso de “él dibuja mejor que tú”. Ese tipo de rótulos estigmáticos lo único que consiguen es que ese chico deje de dibujar porque no se siente competente para hacerlo. Tampoco ayuda asignar a los hijos una característica de ellos mismos, como ‘A ti te gusta leer como a mí’ al otro hijo se le está haciendo sentir que no pertenece a ese club selecto que integran el papá y su hermano”, o bien ‘saliste retraído como tu papá’.


Amor para todos

  • Los excesos de amor por uno de los hijos no generan problema de por sí. Es el descuidar los otros o hacer un trato marcadamente diferencial y negativo el que lo tiene. Actitudes para corregir:
  • Es posible cambiar una conducta ejercitando una actuación consciente que luego se convertirá en rutina. Ejercítese en decirles todas las cosas positivas posibles. Cuando hacen algo bien, cuando hacen un esfuerzo, cuando se están divirtiendo, nunca es demasiado.
  • Es indispensable corregir sin herir. Sea constructivo, no violento.
  • Al igual que se tienen espacios para compartir con el hijo predilecto, se deben encontrar espacios para compartir con el/los demás hijos.
  • Favorecer la armonía, compañerismo y amor entre los hermanos es una inversión emocional a futuro.
  • Estar disponible cuando él/ella lo necesite es la mejor forma de que sepa que también es importante.
  • Evitar comparaciones entre los hermanos es indispensable para no agudizar las diferencias.
  • No fomentes las rivalidades entre ellos.
  • Las caricias y el contacto físico son una forma inequívoca de demostrar amor.
  • Resulta importante que los padres sean concientes de su comportamiento con sus hijos, un trato igualitario es el punto de partida de la armonía en casa.

Fuente: Gloria Patricia Zea V., psicóloga.

Comparte tu experiencia, ¿cómo has manejado los celos de tus hijos?, ¿qué consejos le darías a los padres que actualmente está en esta situación?

 
Etiquetas: Infancia, Cuidado de los niños, Niños
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SURA
martes, 15 de julio de 2014  9:46 


Hola Brenda,

Gracias por contarnos tu historia. Lo mejor que puedes hacer es acudiar a un especialista que pueda ayudarte con tus procesos y manejo de las emociones.

Saludos cordiales.
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Brenda
viernes, 11 de julio de 2014  15:06 


La verdad de todo esto es que duele profundamente.. por mi parte el favoritismo, yo lo he vivido en carne propia. Mi madre siempre a tenido inclinación por mi hermana menor ya que según ella dice que estuvo a punto de perderla cuando tenia 5meses de embarazo. . Lo cierto es que a mi me a afectado mucho ya que desde siempre me a rechazado ..que no le importó dejarme en casa. De mi abuela viví ahí por lo menos 10 años mientras ella vivía su vida con mi papa mi hermano mediano y mi hermana la menor así pasó el tiempo y llegó el día que tuve que regresar a casa de mis papas y fue ahí cuando comenzaron los problemas pues me di aún más cuenta de que mi mamá prefería a mi hermana. . En una ocasión trate de preguntarle y reclamarle el porque de su indiferencia y por cierto que lo negó.. incluso mi tía se lo hizo saber de que a mi me hablaba,miraba y actuaba diferente y recuerdo que mi tía le pregunto que que haría si mi hermana y yo perderíamos la vida a quien extrañaría más. . Y fue algo que no puedo responder. . Hoy en día tengo 23 años casada y tengo un bebé de 1año y hoy por hoy me duele el rechazo de mi madre que en eventos especiales nunca puede estar a mi lado que puedo hacer para sanar esto y enterrar el pasado
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