10 datos sobre los accidentes de tránsito en Colombia que te harán reflexionar.

Accidentes de tránsito: 10 datos que te harán reflexionar

24 de junio de 2014 por Andrés Restrepo Vanegas

    Según los últimos datos de Medicina Legal, durante el año 2012 se presentaron 45592 casos de lesiones y muertes en accidentes de tránsito en Colombia, una cifra récord en la última década en el país. Lejos de disminuir, las cifras aumentan año tras año, dejando luto y dolor en miles de familias colombianas.

    Se sabe que el respeto a las normas de tránsito, la prudencia y el control de la velocidad pueden salvar muchas vidas. Entonces ¿Por qué la vía pública sigue siendo un peligro para cientos de conductores, peatones, motociclistas y demás agentes de la seguridad vial?

    Según el Código de Tránsito Colombiano, la conducción de un vehículo es considerada una actividad peligrosa. Por eso, en vez de señalar culpables, es necesario que cada persona conozca algunos datos que lo harán reflexionar sobre la responsabilidad que tiene a la hora de manejar un vehículo y de transitar por la vía pública.

    1. Los accidentes de tránsito están entre las primeras 10 causas de muerte en todos los momentos de vida de las personas En los jóvenes entre 15 y 29 años, esta es la primera causa de muerte, superando enfermedades como el Sida  o la leucemia.


    2. Según estadísticas recientes, el 65% de las víctimas de los accidentes de tránsito en Colombia muere en zonas urbanas.

    3. El 61% de las personas involucradas en un accidente de tránsito en el país manejaba una motocicleta.  La mitad de las muertes se presentaron por caídas o por el impacto contra objetos fijos.

    4. El 65% de las personas que mueren en un accidente de tránsito fallecen por causa de politraumatismos (múltiples heridas). El trauma craneano y de tórax, la segunda y tercera causa de muerte.

    5. En Colombia, mueren más hombres que mujeres en accidentes de tránsito (en una relación de 4.2 a 1). La mayoría de varones muertos en accidentes de tránsito están en el grupo entre 20 y 44 años.

    6. Las principales causas de accidentalidad en Colombia son el exceso de velocidad y la  violación de las normas de tránsito.

    7. El miedo y el estrés son las principales emociones que produce la conducción de vehículos entre la población colombiana. 

    8. Las distracciones son la causa número 1 de accidentes de tránsito en Colombia: maquillarse, conversar, mandar mensajes de texto o chatear, las distracciones más comunes entre los conductores colombianos.

    9. El conductor fue la principal víctima de los accidentes de tránsito en Colombia, con el 48. 5% del total de fallecidos.

    10. Beber alcohol y conducir puede ser una de las peores decisiones que puede tomar una persona en toda su vida: según la ley 1696 de 2013, un conductor que sea sorprendido manejando un vehículo en estado de embriaguez deberá pagar desde multas millonarias hasta penas como trabajo comunitario y cárcel.  Si vas a tomar alcohol, no manejes.

    ¿Cuál fue el dato que más te impactó sobre el tema de accidentalidad en Colombia? Cuéntanos.

     
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    Miguel Dario Avila Romero
    martes, 28 de marzo de 2017  11:42 


    un poco tarde desde el momento en que salio el informe hasta el de leerlo, pero como todo es bueno conocer, yo no diría solo interesante, sino que es muy importante el saber que ocurre con nosotros los que operamos un vehículo, mal llamados conductores, chóferes, cuando en realidad el oficio que se desempeña es operar un vehículo por las vías de nuestro país, pero observemos que en el mayor numero de irresponsabilidad es la del ser humano, que se le olvida hacer antes de dar inicio al vehículo una minuciosa inspección, para después salir ha realizar sus actividades, si lo realizáramos seria menos la cantidad de accidentes, incidentes en la vía,en la parte Mecánicamente, contaríamos con mas operadores con capacidad de realizar sus labores con mas responsabilidad, si en Colombia existiera una buena concietizacion y los operadores se capacitaran realmente y conocieran sus equipos de trabajo, solo tendríamos que fijarnos, en la parte del medio ambiente, las vías carreteables "perdón Trochas colombianas" peatones y de los animales que se desplazan por estas vías.
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    Jairo Fandiño Ordoñez
    miércoles, 20 de abril de 2016  9:47 


    Buenos días señor Andres Loaiza.

    He leído atentamente su articulo y me parece muy interesante a la vez que altamente preocupante. No comparto que el 90 % sea por fallas mecánicas. Me atrevo a decir que el 100% de los accidentes es por fallas humanas. Dejaría un uno por ciento de conventillo para aquellos que puedan argumentar sobre las características y calidad e las partes automotrices.

    Acerca el punto 6 tengo mi propia opinión y lo que usted, las autoridades de Transito y expertos en el tema proponen como causas yo lo veo como consecuencia.

    Agradezco este articulo y lo voy a usar en mis sesiones de formación a conductores dando los créditos respectivos tanto a su prestigiosa compañía como a usted.

    Gracia por el tiempo que dedica para leer mi comentario y para mi seria de bendición compartir un cafe con usted e intercambiar opiniones

    Cordialmente,

    JAIRO FANDIÑO ORDOÑEZ
    FORMADOR CONDUCTORES MOVILIDAD SEGURA
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    dianita
    martes, 29 de marzo de 2016  14:17 


    me parece q debemos respetar las normas de transito pq sino somos responsables es mejor no manejar ninguna clase de vehiculo pq por ir de lokos manejando sin saber o ir en estado de alcoholismo nos podemos arrepentir el dia de mañana porq como podemosesatr quitandole la vida auna persona desconocida el dia de mañana puede ser un ser querido asi q tomemos conciencia dejemos la imprudencia y la intolerancia y seamos mas responsables ok
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    ARTEMIO ALVARARADO MONZON
    lunes, 23 de noviembre de 2015  9:48 


    ACCIDENTES DE TRANSITO ¿EN REALIDAD EXISTEN?
    ¿Cuántas veces hemos escuchado “fue un accidente de tránsito” como análisis, explicación o justificación a un choque, despiste, volcadura o atropello?
    En nuestro país llamamos cotidianamente “accidente de tránsito” a cualquier percance que involucre a peatones y/o conductores de transporte público o privado, tengan consecuencias o no, muy al margen de las responsabilidades. La mayoría de veces tienen consecuencias diversas como lesiones, incapacidad permanente, traumas psicológicos e incluso la muerte. Esta calificación ¿es una verdad absoluta, infranqueable o incuestionable? ¿Se da por costumbre, uso o por determinación divina? debemos aceptarla sencillamente o bajo esa palabra nos escudamos para mitigar, eximir y explicar nuestra propia temeridad, negligencia e irresponsabilidad, intentando exculparnos con facilidad y sin mayor remordimiento o simplemente estamos confundidos.
    Al parecer se trataría de un mecanismo de defensa de la sociedad para proteger una realidad que le conviene no cambiar, no sabe cómo hacerlo o sirve para que algunos acrediten su trabajo.
    La Real Academia de la Lengua Española, señala que accidente se refiere a la “cualidad o estado que aparece en algo, sin que sea parte de su esencia ni su naturaleza”. Sostiene que “es un suceso eventual que altera el orden regular de las cosas” y concluye que se trata de algo “que sucede inopinada y casualmente”; esta frase es fundamental para la ver las reales dimensiones del tema por cuanto al referirse a “casualmente” explica que es una “combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar”.
    Sobre los “accidentes de tránsito” se tienen muchas acepciones, así, algunos

    especialistas manifiestan que se trata de “todo suceso o acontecimiento anormal e imprevisto que acarrea un daño en las personas y es causado por un hecho u ocasión directa del empleo o uso de un vehículo de tracción mecánica, animal o humana”.
    “Es un suceso eventual en el que no se puede hacerse nada para evitarlo”. (Arburola 1992, pg. 160.)
    La óptica jurídica recoge de por sí, un aspecto de casualidad y habla de daños por mero accidente sin culpa ni intención, implicando una valoración excusadora.
    Si tenemos en cuenta estudios desarrollados por la Policía Nacional del Perú y la Asociación Peruana de Empresas de Seguros, sobre las causas de los llamados “accidentes de transito”, se estima que el exceso de velocidad ocupa el 33.76%, la imprudencia del conductor 29.00%, la imprudencia del peatón 12.86%, el estado de ebriedad 11.97%, falla mecánica 4.24%, imprudencia del pasajero 2.81%, pistas en mal estado 2.45%, falta de señales de transito 0.78%, exceso de carga 0.71%, falta de luces 0.48%, mala señalización 0.22% y así sucesivamente, podemos afirmar que casi el 100% de los “accidentes de tránsito” son originados por causa humana; esta es una realidad objetiva y puntual.
    Todas las causas arriba descritas tienen múltiples explicaciones y descargos; concreta y fehacientemente, estas son resultado de no cumplir con las normas de transito, con los códigos de seguridad vial o la legislación sobre transporte terrestre de pasajeros o de carga, sea cual fuere su naturaleza. Precisamente la existencia de toda la legalidad se debe a que su cumplimiento tiene como objetivo fundamental prever y evitar la ocurrencia de estos hechos.
    Semánticamente un accidente ocurre esporádicamente, en el Perú, las estadísticas nos indican que desde el año 2000 a la fecha, han ocurrido más de 1200,000 “accidentes de tránsito”, lo que tuvo como resultado la sobrecogedora cifra de más de 40,000 muertos y un número superior a 180,900 personas incapacitadas de por vida.
    Estamos por lo tanto ante una desnaturalización profunda de significados. Si utilizamos “accidente de tránsito” innumerables veces para describir situaciones ocasionales, esta deja ya de describir situaciones fortuitas, que ocurren de pronto, deja de describir lo eventual, y se convierte parte de la esencia al conducir. Transformándose así, no reúne ninguna de las extensiones de su primigenia definición.
    La realidad determina que no ilustra, no muestra ni describe lo que sucede en las pistas del Perú.
    Este análisis formaría parte de una discusión bizantina sino se conociera ni entendiera las profundas connotaciones neuropsicologicas que tiene en el ser humano, las palabras, por cuanto en general estás marcan las percepciones; con ellas se forma el patrón de nuestro sistema neurológico.
    Las palabras dan forma a nuestras emociones y acondicionan como nos sentimos ante un hecho determinado.
    Luego del acondicionamiento, actuamos sin pensar, ni razonar, porque tenemos interiorizado nuestra forma de ver el mundo, una forma de comportarnos en todo momento y una forma de reaccionar ante determinadas circunstancias para obtener resultados.
    Según se percibe, capta y cree, se acciona.
    Dice la programación neurolingüística “que usamos el lenguaje por medio de palabras para ordenar nuestro pensamiento, y comunicarnos con los demás y con nosotros mismos: dialogo interior”. (Roseta Forner, Programación Neurolingüística, pg. 17)
    Así, el ser humano al escuchar la palabra “amor” organiza en su interior pensamientos acordes con el término emitido, sentimientos de nobleza, educación, acercamiento y concordia; por asociación se actuara en ese sentido con delicadeza y tacto, se modulara la voz, relajara los ojos y se estará receptivo a similares expresiones humanas.
    Del mismo modo la palabra “organización”, nos inspira un sentido de orden, seriedad, planificación y seguridad; actuaremos con calma, guardando sumo cuidado y nos comportaremos bajo ese marco.
    Si caminando por la calle oímos “delincuente” automáticamente habrá una serie de activaciones neurofisiológicas que lo asociara a peligro, violencia, engaño y tomaremos diversas precauciones; evitaremos exponernos por calles solitarias y/o oscuras, guardamos nuestros objetos de valor, nuestra atención se focalizara para descifrar mejor el entorno, nuestro cuerpo estará preparado para huir o luchar.
    Cuando se pronuncia la palabra”accidente” inmediatamente creemos que es algo que le puede pasar a cualquiera, que no podemos hacer nada para evitarlo; nos lleva al mundo de las probabilidades, algo que difícilmente nos puede pasar a nosotros. Por asociación nos relaciona con circunstancias, contratiempo, azar y eventualidad; Ello no activa ni genera un estado de alerta, cuidado, ni atención; nuestros sentidos actúan con desapego y hasta con indiferencia,
    Es aquí donde vislumbramos una explicación del fracaso de todas las recomendaciones, pautas, pedidos, sanciones, ruegos, llamados etc. sobre acciones y medidas para evitar los mal llamados “accidentes de tránsito”, nuestra concepto, originado por nuestra costumbre, no da cabida real a que pueden evitarse, no dice que hay responsables, ni hablar de las graves consecuencias para la familia; no activa mecanismos naturales de defensa y/o atención, porque tiene una connotación exculpatoria, al parecer crea una licencia mental para transgredir las normas de seguridad vial, sirve como anestesia interna que nos vuelve inmune ante el peligro y el dolor.
    Según la neurociencia, no se han creado redes neuronales, alrededor de esta palabra, por las cuales transitar, que lleven a los individuos a cuidarse, protegerse, estar alertas en beneficio propio ni de los demás
    Conscientemente se puede manifestar decir que los “accidentes de tránsito”, se pueden evitar, que hay responsables y que debe tenerse cuidado, pero inconscientemente se asume que no, y por lo tanto, se actúa en consecuencia.

    ¿Acaso no hemos atendido muchas veces “no tomes más de tres copas de vino, o cuatro vasos de cervezas porque te puedes accidentar”? el mensaje es si tomas tres copas de vino o cuatro vasos de cerveza, probablemente puedas chocar o atropellar a alguien y si ocurre no tienes la culpa porque le puede pasar a cualquiera.
    ¿No vemos a las autoridades declarar “hacemos un llamado a los conductores para que respeten las señales de transito porque pueden accidentarse? el mensaje es no tengo autoridad y les ruego acordarse respetar las señales de tránsito, porque a lo mejor tienen una probabilidad de lesionarse o lesionar a otros.
    Los conductores no tienen responsabilidad genuina al conducir, liban licor, realizan carreras en la vía pública, se pasan la luz roja, no respetan las señales de tránsito etc. porque no está activado el mecanismo de auto conservación y supervivencia, que lo guie y proteja ante un desastre inminente.
    Lo mismo pasa con los peatones, cruzan la pista por cualquier lugar, suben y bajan de los autobuses en marcha, no cruzan las pistas por puentes peatonales, caminan entre los autos, etc.
    Para la lucha contra este flagelo, que ha sido considerado por la ONU, como una de las causas de la pobreza, tenemos que aceptar que no se pueden esperar resultados distintos haciendo siempre lo mismo. Es necesario sustituir este vocablo de nuestro lenguaje cotidiano al referirnos a estos sucesos, por que ha contribuido a confundir nuestras percepciones, habituarnos, insensibilizarnos y convivir extrañamente con situaciones que siempre lamentamos. Tenemos que adoptar otras palabras que reflejen la realidad, así se crearan nuevas redes neuronales, que servirán al desarrollo e interiorización de conceptos asociados con el cuidado, prevención, diligencia y responsabilidad; además activara nuestro mecanismo natural de alerta y supervivencia, incidiendo en los cambios neurofisiológicos necesarios para ello.
    Al referirse a estos hechos, es conveniente llamarlos como realmente son, por ejemplo: siniestro, colisión, embestida, choque, atropello, despiste, volcadura, desbarrancamiento, etc.
    De acuerdo a la gravedad se puede asociar a términos como: espeluznante, grave, fatalidad, desgracia, funesto, aterrador, calamidad, pavoroso etc.
    Así se estará dando un primer paso para iniciar una cruzada nacional en busca de evitar los desastres del tránsito y sus trágicas consecuencias.

    Artemio Alvarado Monzón
    Doctorando en Psicología Educacional y Tutorial
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