Entendiendo el llanto del bebé

Bebé: antes del lenguaje era el llanto

01 de agosto de 2014 por Juan Carlos Domínguez Arcila

    Estoy enfadado, tengo hambre, tengo frío, ¡necesito que me cambien el pañal! Entender lo que significa el llanto es estar al tanto de lo que pasa con nuestro bebé. Mitos y verdades alrededor del tema.

    ¿Los bebés lloran por capricho?

    Falso. El llanto es el único mecanismo que tiene el bebé para comunicarse con los adultos. A diferencia de la risa y la expresión facial que se van desarrollando como aprendizajes sociales, el llanto es un mecanismo innato y con él pueden estar diciendo un sinnúmero de cosas: tengo miedo, hambre, frío, dolor, estoy furioso o por favor mamá, ponme atención. El llanto expresa las emociones, el temperamento y es un aviso de que algo puede no estar bien. También es un indicador de la maduración neurofisiológica del bebé.

    ¿Siempre que un niño llora es porque tiene hambre?

    Falso. La petición de contacto y movimiento es probablemente más frecuente y constante que la de alimento. Si siempre que el bebé llora se le da comida lo que se está haciendo es generar una irritación estomacal y producir aún más llanto.

    ¿Dejar llorar al bebé expande los pulmones?

    Falso. Cuando un bebé no cesa de llorar es porque hay una causa de molestia que no se ha atendido y no hay ningún beneficio en dejarlo desatendido.

    ¿Hay que dejar llorar a los niños para que desarrollen carácter?

    Falso. El llanto es una forma de expresión, de pedir auxilio y atención y nunca se debe desatender. Atender el llanto no es “malcriar” al pequeño. Es darle la seguridad y la atención que requiere.

    ¿Si dejo llorando a mi bebé aprenderá a llorar menos?

    Falso. Los niños desatendidos suelen llorar con más frecuencia y por más tiempo durante el primer año de vida. A diferencia de lo que muchos padres creen, cargar y arrullar a un niño por más de tres horas diarias durante los primeros dos meses de vida, reduce en 50% la duración del llanto durante los primeros meses, sin que se esté malcriando al bebé.

    ¿La intensidad del llanto es directamente proporcional al problema?

    Falso. Hay que preocuparse más cuando hay un llanto demasiado débil, silencioso, con quejidos, pujos, ronquidos o chillidos porque estos muestran que puede haber un problema realmente de cuidado. La intensidad de la emoción que siente el bebé se puede ver tanto en el volumen, la intensidad como en el movimiento ocular que lo acompaña.

    ¿El llanto siempre suena igual?

    Falso. Los estudios señalan que el llanto del bebé está relacionado con el tono vocal de la madre, su idioma natal y el entorno que lo rodea en el último trimestre de gestación. Los bebés desarrollan diferentes “melodías” de llanto, acorde con su entorno.

    ¿Un niño que llora mucho será un niño nervioso?

    No necesariamente. Puede ser un niño sensible, pero si recibe atención rápidamente desarrollará seguridad y confianza. La forma en que los cuidadores atienden el llanto del niño tiene una función primordial en su desarrollo. Una respuesta rápida ayuda a regular los estados de excitación en la niñez, desarrolla su personalidad, incrementa su atención, estimula su capacidad social y cognitiva y refuerza su confianza y autoestima.

    Tipos de llanto

    Según el libro El pediatra eficiente, de Ernesto Plata Rueda, hay tres tipos de llanto: el fisiológico, el excesivo secundario y el excesivo primario.

    El llanto fisiológico manifiesta una necesidad primaria, es decir, hambre, dolor, frío, miedo, etc. Si la petición del bebé se atiende a tiempo el llanto cesará.

    El llanto excesivo secundario es al que se le encuentra una causa, sea intrínseca o extrínseca. Por ejemplo, cuando el bebé sigue llorando después de haberlo amamantado se descubre que la madre sufre de hipogalactia (poca producción de leche) y el bebé ha quedado con hambre.

    Dentro de los factores intrínsecos se incluyen los relacionados con la esofagitis por reflujo (llanto diurno, sin horario, muy intenso y con regurgitación); la infección rectal por hongos con dolor al evacuar o trastornos al orinar (llanto acompañado por pujo).

    El llanto excesivo primario se diagnostica cuando un niño sano llora más de tres horas diarias, por mínimo tres días a la semana y por más de tres semanas sin causa aparente. Esta forma de llanto comienza alrededor de la segunda semana de vida y desaparece en forma abrupta y espontánea hacia el tercer mes, sin que se requiera tratamiento alguno. Por lo general ocurre al final de la tarde y al principio de la noche.

    Para conocer más sobre el llanto en el bebé, haz clic aquí.

    Fuente: Álvaro Jiménez Patiño, M. D. Pediatra, Revista 5 Sentidos, Sura, edición #96.

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    Etiquetas: Infancia
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