• Fernando Botero
  • Variaciones sobre Cézanne, 1963
  • Óleo / Tela
  • 131 x 150 cm
  • icono bandera Colombia

Reseña

A finales de los años 50, Fernando Botero descubre los fundamentos de lo que se convertirá en su estilo propio, basado en la dilatación volumétrica de las figuras que a partir de entonces se convierten en formas esféricas. En la misma época conoce el Expresionismo Abstracto norteamericano, cuya influencia se traduce en el uso de una pincelada suelta y rápida que se encuentra acompañada a veces de efectos de chorreado que recuerdan los gestos casi al azar de la pintura de acción; en algunas obras es tan intenso el efecto de este tipo de pinceladas que parecía que fuera a dar paso a una abstracción expresionista.

Cuando en 1960 se instala en Nueva York y comienza a tener éxitos notables como la compra de una obra suya por parte del MOMA, recibe también las más fuertes críticas porque su pintura figurativa parece haber sido superada por el desarrollo de las nuevas vanguardias. Sin embargo, en lugar de plegarse ante esas críticas reforzando aún más la violencia de sus obras, se dedica a profundizar su proceso figurativo; paulatinamente la pincelada va perdiendo el énfasis y la rapidez anteriores y empieza a entrar en las pinturas de manera cada vez más suave y delicada, lo que le permite profundizar en el análisis de sus volúmenes esféricos. De todas maneras, los procesos artísticos habían adquirido una velocidad excepcional en Nueva York y ya para 1962 parecía superado el Expresionismo Abstracto y empezaba a abrirse paso el Arte Pop. Variaciones sobre Cézanne, de 1963, coincide con el momento de la aparición del Pop norteamericano lo que, sin embargo, no significa que sea un derivado suyo ni que tenga relación directa con él. Parece evidente que la obra está planteada desde un punto de vista “popular”; pero es igualmente claro que ese carácter difiere profundamente del sentido que tiene en el Pop, donde está relacionado con las formas de vida de la sociedad de consumo y sus procesos de producción de imágenes. Por el contrario, la imagen creada por Botero se relaciona con el gusto pueblerino, con su esquematismo y simplicidad. El uso exagerado del color rosa en diversos tonos y sus contrastes con rojos y amarillos, parecen remitirse a las estampas de dudoso gusto que durante mucho tiempo fueron las únicas imágenes que se distribuyeron en las pequeñas poblaciones extendidas por la geografía colombiana; esa cultura popular, pueblerina, había sido el punto de partida de las imágenes de vírgenes y demonios que Botero había creado a finales de la década anterior. No puede pasarse por alto que el artista relaciona esta naturaleza muerta con la obra de Cézanne, de manera tan explícita que, para que no quede la menor duda, lo deja escrito sobre la tela. En efecto, mirando los bodegones de Cézanne, Botero parece poner en discusión todo su propio esquema de construcción de formas y volúmenes con una estrategia cargada de humor. La extensión de los rosados trae todos los elementos al primer plano, empujados por el plano rojo del fondo y ubicados sobre la superficie de una mesa que resulta violentamente vertical; sin embargo, Botero puede comprobar que las formas esféricas mantienen su volumen, como si quisieran pasar del espacio del cuadro al del observador.

Biografía del autor

Fernando Botero nació en Medellín en 1932. Aunque reconoce haber recibido enseñanzas de Rafael Sáenz fue, en realidad, un autodidacta. En 1949 aparecen dibujos suyos en el periódico El Colombiano. En 1951 realiza su primera exposición en la galería Leo Matiz, de Bogotá. En 1952 viaja a España donde casualmente descubre obras de Piero della Francesa que lo impulsan a trasladarse a Florencia donde permanece hasta 1955. Regresa a Colombia donde expone sin mucho éxito. En 1956, casado y con su primer hijo, se instala en México donde descubre las bases de su estilo; en Estados Unidos conoce el Expresionismo Abstracto. En 1958 gana el primer premio del XI Salón Nacional de Artistas. En 1960 se instala en Nueva York; su obra Mona Lisa a la edad de 12 años es adquirida por el MOMA. En los años siguientes se multiplican sus exposiciones en todo el mundo. En 1973 empieza su trabajo escultórico que a partir de los años 90 expone en importantes espacios públicos de muchos países. A partir de 1983 desarrolla una amplia serie de pinturas sobre la corrida de toros. En 1998 dona al Banco de la República, en Bogotá, gran parte de su colección privada que incluía numerosos artistas internacionales; con ese conjunto de obras se crea el Museo Botero. En 2000 hace otra gran donación al Museo de Antioquia, en Medellín; en 2004, dona al Museo Nacional de Colombia la serie El dolor de Colombia; en 2007, a la Universidad de Berkeley una serie sobre las torturas en la cárcel de Abu Ghraib; y en 2012 la serie El Viacrucis al Museo de Antioquia.

Carlos Arturo Fernández – Grupo de Teoría e Historia del Arte en Colombia, Universidad de Antioquia